Cuando construyeron la carretera que circunvala Castil de Peones, hubo que construir el puente que daba acceso al “cañal” y que ahora es el puente que da acceso a la salida hacia la N-1 dirección Briviesca.
Recuerdo que fue una tarea complicada, sobre todo la cimentación, porque había un gran manantial de agua que erróneamente procedieron a tapar. Digo esto porque aquello fue un grave error porque si lo hubieran encauzado al arroyo, hoy bajaría un caudal considerable porque recuerdo que para achicar el agua se utilizaron seis grandes motores que accionaban otras tantas bombas de agua, operación necesaria para poder cimentar y poner el tramo de tubos que pasa justo por debajo del puente.
Para hacer los cimientos se utilizó una grúa negra que a nosotros que tendríamos unos tres o cuatro años nos parecía gigantesca porque ninguno de nosotros habíamos visto una grúa así.
La grúa la manejaba un señor que era de Bilbao y al que todos llamaban Urritxua. Era alto y se quedaba en la taberna de patrona, que por aquel entonces la tenía Lucio. Convivía con todos los del pueblo, todos le admiraban y con todos departía o jugaba la partida en las mesas corridas de la sala, donde le recuerdo sentado en la primera de la izquierda.
Los domingos que no arrancaba la grúa, porque ese día solamente la engrasaba y tensaba los cables, por la tarde jugaba con los de Revilla a las cartas, jugaba con Farrás, con Tino, con Teodoro y con alguno más cuyos nombres ahora no me acuerdo y con ellos bebía algunos días hasta demasiado y por eso los lunes se solía comentar cómo habrían llegado los de Revilla a casa, porque en alguna ocasión alguno ya se cayó a la reguera.
Uno de esos días en que todos habían bebido y merendado juntos, supongo que demasiado, Urrutxua empezó a bromear con Farras y jugando o en serio, Urrutxua le mordió una oreja a Farrás y se quedó con un trozo de la misma en la boca. Farrás sangraba y se quejaba de dolor, los que estaban en las otras mesas corrieron a la mesa en la que estaba Urrutxua y algunos corrieron a por agua a la fuente.
De aquella tuvo que intervenir la Guardia Civil y a Farras le cosieron el trozo de oreja. La cosa no fue a mayores porque ambos declararon que habían bebido demasiado.
Cuando finalizó las excavaciones para los cimientos del puente, Urrutxua se fue de Castil y no volvimos a saber nada de aquel noblote gruista.
